A Juárez, el Ch’ol se lo pasó por “el Arco del Triunfo”

“Pocas o ninguna vez

se cumple con la ambición

que no sea con daño de tercero”.

Miguel de Cervantes Saavedra.

Escritor español.

La ambición desmedida, como todo exceso, termina por perjudicar a quien la padece, porque pierde la proporción de las cosas y termina siendo esclavo de ella, pero en el camino pierde también la ética y poco le importa perjudicar a terceros para lograr sus fines, porque para él la tesis maquiavélica de que “el fin justifica los medios” es premisa fundamental.

Indígena ch’ol, de origen muy humilde y nacido en Madero, Salto de Agua, el actual edil de Palenque, Alfredo Cruz Guzmán, supo remontar la adversidad de su cuna y, con constancia y tenacidad, logró titularse como ingeniero en una universidad norteña. Parecía que la historia del pastorcito de Guelatao se repetía en Chiapas. De mente despierta, Cruz Guzmán aprovechó la coyuntura de un PRI dividido y, sin tener militancia tricolor, pero sí billete de su empresa de agroquímicos, salió candidato a la Presidencia Municipal de Palenque, un municipio en el que no nació, pero al que desde niño vino a estudiar con el apoyo de familias palencanas. El hombre se convirtió en edil sin saber nada de política, pero sí de administración. La política jamás se le dio, pues explotaba a la menor provocación, se confrontaba con quienes discrepaban de su modo de hacer las cosas. y su primer trienio terminó con una rechifla generalizada y, con gritos de “rateros”, la población despidió al cabildo que encabezó.

Quiso ser diputado federal, de nuevo por el PRI, y con esa ambición hasta se enfrentó con su mentor Rafa Ceballos; sin embargo, la contienda interna la ganó La Güera Yary Gebhardt, quien a pesar de tener una elección de estado en contra, ganó la diputación federal con la mayor votación que se registra en este distrito; Cruz Guzmán había pronosticado que, con Yary como candidata, el PRI perdería. Evidentemente fallo en su pronóstico, surgido no del análisis, sino de la envidia y el no querer aceptar que si en el PRI le negaron la candidatura a la diputación, como más adelante lo volvieron a hacer cuando quiso ser de nuevo el candidato del  PRI a la alcaldía, fue sobretodo por el mal desempeño que tuvo como edil, que el electorado se cobró dando el gane a Salgado Correa, no porque Salgado haya sido un gran candidato, sino porque de esa manera se expresó el descontento hacia el gobierno priísta de Cruz Guzmán, quien salió bajo la sospecha de que se llevó todo lo que pudo del erario municipal y hasta ahora, que ya es munícipe por Convergencia, donde tuvo que ir a pedir el logotipo y los colores prestados, no ha demostrado que ya tiene el finiquito de sus cuentas públicas, correspondientes a su gobierno anterior.

La elección en la que supuestamente ganó, fue un fraude de cabo a rabo. El dinero a manos llenas, y sin que se haya aclarado de dónde salió tanto, se usó para comprar, lo mismo votantes que todos los funcionarios de algunas mesas electorales. Supo aprovechar la coyuntura de un PRD dividido y vacilante, de un PRI ensoberbecido porque creía que ya había ganado, y de actores políticos que le dieron jugada a Cruz Guzmán porque convenía a sus propios intereses. Ahora ya es de nuevo munícipe, pero se resiste a serlo porque desde el primer día de su administración ha trabajado para construir su candidatura a la diputación federal. Del ayuntamiento solo le interesan los recursos que le aportan en esta ambición desmedida. Atender a la población solo es dable si en ello van comprometidos apoyos y votos a su favor. A quienes sabe que no votaron por él y a los que no lo aceptan como posible candidato a diputado, los discrimina y los amenaza.

El poder y el dinero los usa para comprar conciencias, para ser zalamero con quienes detentan más poder que él y pueden ser útiles a sus propósitos; o por el contrario, invierte recursos, que no son suyos, para corromper lealtades y financiar campañas de desprestigio. Nada le duele más que lo critiquen, aunque la crítica sea fundamentada, aunque se tengan -valga la metáfora- “Los pelos de la rata en la mano”. Criticarlo es, desde su perspectiva intolerante, la manera más segura de ganar su enemistad y su odio. Por eso tiene tantos enemigos, y tendrá más en la medida que de motivos para la crítica.

Poco ha hecho a 10 meses de haber asumido la alcaldía y de ese poco, las obras comenzaron a destiempo, les agarraron las lluvias y en la pésima calidad que revelan, sobretodo los periféricos, se ha visto que está dado “atole con el dedo” a la ciudadanía, para llevarse la “tajada del león” en cada una de esas obras, particularmente los periféricos; tal vez para “engordar el cochinito” de su futura campaña. Si en su primer gobierno medio cuidó las formas para que no se notara el latrocinio, en esta su segunda administración perdió todo el pudor y, hasta el ciudadano más ingenuo y despistado, comenta ya el presumible saqueo profundo del erario municipal.

Si el haber superado su humilde cuna y la marginación en la que creció es objeto de encomio y hasta un ejemplo para miles de indígenas, como lo es Benito Juárez, con la perversidad que hoy gobierna, echa por tierra lo loable de su esfuerzo, pues para trepar hasta donde ha llegado, no ha dudado en traicionar, corromper y entrampar, con tal de lograr su ambición. Sin embargo, y como Jonathan Swift, el escritor y político irlandés, observó: “La ambición suele llevar a las personas a ejecutar los menesteres más viles. Por eso, para trepar, se adopta la misma postura que para arrastrarse”, ¿O no?

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Archivado bajo columna política, Palenque

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